La elección definitiva que decidió si Brasil se escribe con S o con Z
Por Rafael Soares Gonçalves, historiador y profesor de la PUC-Río; Celso Sanchez, biólogo y profesor de la UNIRIO

Brasil se escribe en portugués con S y, en inglés, con Z. El importante compositor y médico psiquiatra Aldir Blanc escribió un samba que se hizo conocido en la voz de la famosa cantante brasileña Elis Regina. En la canción se dice: “El Brazil no conoce a Brasil, el Brazil está matando a Brasil, ¡SOS de Brasil a Brasil!”. En esos versos aparecen en disputa distintos proyectos de país, lo que evidencia no exactamente una polarización, sino la denuncia de la imposición de un proyecto neocolonial que reproduce el afán colonizador, disfrazando las carabelas de multinacionales y que, en el contexto más reciente de la geopolítica global, también se manifiesta en la disputa por las tierras raras.
La sospecha de que los servicios de inteligencia de otros países estuvieron involucrados en la operación para ayudar a escapar al candidato derrotado Flávio Bolsonaro es grave. Esto arroja una enorme interrogante sobre el futuro de las relaciones diplomáticas de Brasil con países como Argentina, Ecuador y Estados Unidos. Flávio huyó aunque no había una orden de arresto en su contra. Utilizó su doble ciudadanía para salir clandestinamente del país por la frontera argentina y embarcarse rumbo a Estados Unidos. La estructura y los recursos necesarios para esta fuga sugieren que se venía organizando desde hacía mucho tiempo y que la decisión de la Policía Federal de retener el pasaporte del candidato derrotado no fue, de ninguna manera, equivocada.
La inmensa movilización popular que tomó las calles y las redes sociales convirtió las elecciones presidenciales brasileñas en uno de los momentos más extraordinarios de la historia reciente del país, desde su redemocratización, en 1985. Esta movilización adquirió una dimensión internacional y ha inspirado manifestaciones en distintas partes del planeta, además de provocar ya movimientos importantes en las elecciones estadounidenses, particularmente entre la comunidad brasileña en el exterior. Con una estrategia centralizada de acción en internet, encabezada por el diputado André Janones, quien reunió a impresionantes 10.5 millones de personas en un grupo de WhatsApp, el llamado Ejército de Lula ha visto replicadas sus estrategias de guerrilla digital en las actuales elecciones españolas y francesas, además de cobrar impulso en Argentina y en los movimientos de resistencia colombianos contra el retroceso que representa el desastroso gobierno de Abelardo.

En Brasil, los jóvenes asumieron un papel protagónico y desmontaron la idea de que esta generación es reacia a la política o de que habría sido fácilmente absorbida por el discurso de la extrema derecha. Desde estudiantes universitarios hasta jóvenes indígenas, en el campo y en la ciudad, distintas generaciones se sumaron a la movilización y coincidieron en la defensa de la democracia. Destacamos también la presencia significativa de personas mayores, muchas de ellas postradas en cama, que salieron a votar con un esfuerzo conmovedor. Muchas habían vivido, todavía jóvenes, los horrores de la dictadura militar en Brasil. Sus votos llevan consigo memoria y deseo de reparación. No votamos solamente por el futuro: la gigantesca movilización en las urnas también representó una disputa por el pasado y por el valor de repetir el lema de las Abuelas de Plaza de Mayo: ¡Nunca más!

Lula llega a los 80 años para ejercer su cuarto y último mandato, como alguien que logró sobreponerse y se convirtió en un símbolo mundial de resistencia y lucha. El gesto de formar una L con las manos se extendió por el mundo y ya vemos a otros países identificar en ese símbolo un horizonte para enfrentar a las grandes empresas tecnológicas y afirmar que sí, es posible resistir el avance del tecnofeudalismo y del fascismo en la era digital. No se trata de idealizar los gobiernos de Lula, sino de reconocer que podríamos estar ante un giro político en Brasil, que, además, volvió a ocupar un lugar protagónico en el escenario internacional. ¿Por qué no imaginar que posibles alternativas al colapso civilizatorio que vivimos puedan surgir del Sur?
Todavía no sabemos cómo será su cuarto mandato. Los desafíos están planteados: la Amazonía enfrenta una ola de incendios provocados; comerciantes amenazan y despiden a trabajadores que declararon haber votado por Lula; la violencia política estalla en casos cada vez menos aislados, y las comunidades indígenas reciben amenazas crecientes. La escalada de violencia ya comenzó en diversos territorios periféricos, quilombos, comunidades indígenas y favelas. Será un enorme desafío contener el afán fascista y violento, que insiste en la retórica del golpe de Estado, en un contexto de descontento de sectores del mercado ante la guerra comercial con Estados Unidos y de una población en la que el 49 por ciento votó por el proyecto de país representado por quienes escriben Brasil con S, y no con Z.

Hoy, sin embargo, Lula se ha convertido en uno de los mayores líderes de América Latina y del campo progresista mundial. Su apoyo popular podría constituir una fuerza importante frente al riesgo constante de retroceso y al apetito voraz por recursos estratégicos, como las disputadas tierras raras, indispensables para fabricar drones y teléfonos celulares. Brasil posee una de las mayores reservas mundiales de estos minerales estratégicos, lo que ayuda a explicar, en parte, el interés de Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio, en el control y la influencia sobre Brasil.
Por otro lado, la elección de Lula representa un tiempo adicional para enfrentar la urgencia de estructurar una estrategia global de defensa de la Amazonía. Cerca de alcanzar el punto de no retorno, el avance desenfrenado de la deforestación podría significar una ruptura en la ya frágil estabilidad climática del planeta. La cuestión ambiental es, sin duda, uno de los mayores desafíos del cuarto mandato de Lula, que necesitará contar con una militancia activa y permanente en defensa de su gobernabilidad. Al mismo tiempo, seguramente enfrentará críticas por decisiones que incluirán, entre otros asuntos, la opción de explotar o no nuevas reservas de petróleo en la desembocadura del río Amazonas. Se avecinan tiempos turbulentos.
Lula siempre ha sido relativamente reservado en el debate sobre la cuestión urbana. De hecho, sus gobiernos hicieron poco en esta área. En el mandato actual, merece destacarse el Programa Periferia Viva, una iniciativa del Ministerio de las Ciudades, dirigida por la Secretaría Nacional de las Periferias, cuyo objetivo es transformar las favelas y las comunidades urbanas mediante un enfoque integral. Por lo demás, el tercer gobierno de Lula recicló programas y proyectos anteriores. La propuesta de ofrecer transporte público gratuito los domingos y días festivos es una de las pocas novedades presentadas en el debate sobre la cuestión urbana.
Otro punto débil es la seguridad pública. La propuesta de crear un ministerio específico para atender este tema, separado del Ministerio de Justicia, parece acertada. Todavía carecemos de una respuesta eficaz y concreta de la izquierda al debate sobre la violencia. Por último, Lula volvió a colocar en el centro de la agenda política el debate sobre el mundo del trabajo, al apoyar el fin de la jornada laboral de seis días de trabajo por uno de descanso. El nuevo gobierno todavía tendrá que enfrentar las formas de explotación capital-trabajo mediadas por las plataformas digitales. Los desafíos también son enormes en lo que respecta a quienes trabajan bajo la denominación de emprendedores.
¿Estamos ante un giro? Todavía no lo sabemos. Lula tendrá enormes dificultades para lidiar con lo que puede considerarse uno de los peores congresos de la historia del país. Tendrá que gobernar apoyado en la fuerza del pueblo en las calles y en las redes, frente a los fantasmas de la extrema derecha.
