Bolivia y su dificultad por construir la democracia

Bolivia ha vuelto a aparecer en la palestra internacional. No es para menos, imagínense cincuenta días de bloqueo de caminos, los supermercados vacíos, la gente sufriendo por no tener a su alcance los insumos mínimos, hospitales a punto del colapso, más de diez muertes por no poder llegar a clínicas y daños económicos en un país quebrado. 

Es fácil caer en interpretaciones rápidas que explican poco, particularmente las que circulan en redes sociales buscando buenos y malos. Pensar, por ejemplo, que se trata de un gobierno neoliberal de ultra derecha que quiere someter a indígenas nobles que han sido dominados por 500 años. Nada más caricatural. El problema es complejo y tiene muchas variables. 

Los dos principales actores del conflicto son el gobierno de Rodrigo Paz y los bloqueadores. El gobierno, elegido democráticamente con más del 54% de la votación, se caracteriza por ser lento, poco imaginativo, débil, con alianzas frágiles. Los bloqueadores representan a sectores distintos que tienen demandas puntuales, desde quejas por la calidad de la gasolina que arruinó varios vehículos, hasta críticas a leyes de mayor alcance. La única solicitud en la que confluyeron fue que renunciara el presidente. Además, en muchos casos se trata de gremios que luchan por sus intereses sectoriales y los privilegios que tuvieron unos años atrás. Su estrategia ha sido el bloqueo de caminos en lugares estratégicos y la violencia descontrolada (quema de oficinas, agresión a transeúntes, golpes a funcionarios).

El tercer actor silencioso es la población civil no organizada que asiste al espectáculo del bloqueo sufriendo diariamente las consecuencias. Como no se trata de un grupo orgánico, no actúa como cuerpo, no protesta, no se pronuncia salvo en formatos alternos con poca influencia y es vulnerado sufriendo dramáticos resultados.

Hay que señalar que Bolivia viene atravesando por una crisis multidimensional heredada del período de gobierno de Evo Morales y su partido, el Movimiento al Socialismo, luego de veinte años de gobierno. Se trata de una crisis económica, política, ecológica y societal. El presidente Paz recibió un país moribundo y la mayoría de sus iniciativas en su corto período de gestión fueron rechazadas, debiendo derogar decretos estratégicos; es claro que sólo resolvió algunas urgencias, nada más.

Tampoco hay que olvidar que uno de los actores promotores del bloqueo actual -aunque no el único- es el expresidente Evo Morales, que tiene sólidas acusaciones por pederastia y corrupción. Además, está en juego el factor narcotráfico y de grupos armados irregulares, aunque se cuenta con muy poca información sobre ambos temas.

Las intervenciones internacionales no han ayudado a resolver la crisis. Desde el presidente colombiano Gustavo Petro que tuvo torpes declaraciones, los exabruptos de la administración de Donald Trump, o los supuestos observadores argentinos de derechos humanos que llegaron a La Paz con la intención de más bien eran militantes políticos que querían intervenir en la gestión interna contribuyendo a desestabilizar la democracia. Sólo el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva fue ecuánime y respetuoso, y reiteró su solidaridad con el gobierno boliviano y su pueblo e instó al respeto a las instituciones democráticas y el Estado de Derecho evitando todo camino de violencia.

A pesar de las dificultades, el 17 de junio se logró un diálogo entre el gobierno y uno de los principales sectores movilizados, la Central Obrera Boliviana, y una pausa humanitaria relativa en los puntos de bloqueo. A duras penas sucedió el encuentro que, aunque no ha dado resultados conclusivos todavía, al menos sentó a las partes en una mesa de negociación y se retiró la solicitud de renuncia del presidente.

La moneda está en el aire y muchas cosas pueden suceder. Lo claro es que toda salida tiene que jugarse en el marco de la democracia y el respeto de los derechos humanos. Haber hacia dónde se inclina la balanza.  

Hugo José Suárez. Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Miembro de la Academia Boliviana de la Lengua.