Más de tres años sin saber de sus hijos: el dolor de ser madre en El Salvador
No hay reloj que mida esta espera: “Nos dijeron que en 15 minutos regresaban… y ya llevan más de tres años”, dice entre lágrimas Dora Gladys Mejía, madre de dos jóvenes detenidos. Desde entonces, vive sin respuestas: no sabe si están vivos, si comen, si resisten. Su voz no reclama política, reclama a sus hijos. Y en ese silencio impuesto —donde incluso hablar puede significar desaparecer— queda al descubierto el costo más profundo de una seguridad que, para muchos, llegó en forma de ausencia.
