Fotografiar la fe: M’Kumba y la revolución visual de Gui Christ

Por Pamela Cruz / Terra 360

En Brasil, decir “macumba” suele ser un insulto, algunos la han transformado en una palabra usada para señalar, ridiculizar o condenar aquello que no se entiende. Ante ello, el fotógrafo Gui Christ decidió reapropiarse del término y convertirlo en una afirmación: M’Kumba no es un reportaje sobre religiones afrobrasileñas, es una declaración de pertenencia.

Su historia con estas religiones comenzó a inicios de los años 2000, cuando estudiaba fotografía en Río de Janeiro. Proveniente de una familia blanca, creció escuchando relatos negativos sobre los cultos afrobrasileños, pese a que su bisabuela había sido sacerdotisa, y forzada a cerrar su templo. La historia familiar quedó marcada por el miedo y el prejuicio: “Crecí oyendo cosas muy malas acerca de las religiones”, recuerda.

Un día, mientras fotografiaba en la calle, un sacerdote de Umbanda lo invitó a entrar a su templo. Dudó. “Le dije que no podía entrar porque tenía miedo”. Entró de todas formas. Esa noche soñó con orichas y ancestros que nunca había estudiado. Una semana después regresó. Aquella visita no solo transformó su percepción: redefinió su vida.

“No sé si me torné fotógrafo o si me torné macumba por la fotografía”, dice. Ambas cosas ocurrieron al mismo tiempo.

Durante años trabajó como fotógrafo documental y publicitario, incluso colaborando con National Geographic. En 2018, ya como practicante de Umbanda e iniciado en Candomblé, comenzó a experimentar en carne propia el racismo religioso. Vestido de blanco y con sus collares rituales, un automóvil intentó atropellarlo frente a una iglesia. En el vehículo había una estampa: “Solo Jesús salva”. Entendió que lo que vivía no era un hecho aislado, sino parte de una estructura histórica de intolerancia.

Obtuvo entonces una beca de National Geographic Society para documentar el prejuicio contra las religiones afrobrasileñas y pasó un año fotografiando violencia: templos destruidos por narcomilicias cristianas, sacerdotes que perdieron la custodia de sus hijos, líderes obligados a romper sus propios altares. “Me sentía muy mal”, confiesa. “Estaba muy realizado como periodista, pero como religioso no me sentía bien”.

El giro ocurrió durante un ritual. En trance, un ancestro le preguntó por su trabajo. “¿Por qué no paras de sacar fotos como periodista? Empieza a sacar fotos como un macumba. Haz fotos para tus hermanos, no para los americanos”.

Esa frase cambió el eje del proyecto.

Gui dejó de mirar desde el canon del fotoperiodismo y comenzó a crear imágenes desde la mitología viva de su comunidad. Trabajó con códigos internos: collares, colores, gestos, danzas, cuerpos en trance, mar y tambor. 

En Brasil, explica, existen “gramáticas corporales y musicales” que no están escritas, pero que se practican y se viven. M’Kumba es una construcción colectiva: cada comunidad aporta su mitología; cada imagen se crea junto a quienes la habitan.

El proyecto no romantiza el dolor, pero tampoco se limita a denunciarlo. Es un acto de afirmación: “Mi trabajo es sobre la vida, es sobre la fuerza”, sostiene. En una de sus fotografías más emblemáticas, retrata a una mujer afrobrasileña en el mar, sosteniendo un pez, representando a Yemanjá. En Brasil, por influencia racista, esta divinidad suele representarse como una mujer blanca y delgada. En África es una mujer negra, grande, poderosa. La protagonista de su imagen se reconoció por primera vez en esa potencia. “Nunca imaginé que tanta gente me viera como una mujer muy bella y fuerte”, le dijo.

Ahí comprendió el alcance del proyecto: no se trataba solo de denuncia internacional, sino de restaurar dignidad visual.

Gui insiste en una precisión conceptual: las religiones afrobrasileñas no son sincréticas por definición. Durante la esclavitud fueron obligadas a usar imágenes católicas para sobrevivir, pero poseen divinidades propias, sistemas cosmológicos propios. Reducirlas al sincretismo perpetúa una lectura colonial.

Brasil tiene 500 años de historia; 300 de ellos fueron de esclavitud. 

“Tenemos más tiempo como país con esclavos que sin esclavos”, recuerda. El racismo no es un episodio: es estructura. Y la intolerancia religiosa hoy es también herramienta política de grupos extremistas que usan la fe como mecanismo de control y expansión.

Sin embargo, M’Kumba no es una crónica de victimización. Es una afirmación de existencia.

Después de siete años —número sagrado en su tradición— el proyecto se acerca a su cierre con un fotolibro. Pero su investigación continúa. Hoy cursa una maestría para estudiar cómo la cultura afrodiaspórica dialoga con la historia de la fotografía brasileña. Su siguiente proyecto mira hacia el tambor.

Para Gui, el tambor —Ngoma— no es instrumento: es divinidad. Es el padre que hace sagrados los cuerpos al moverlos. Desde el candombe uruguayo hasta la salsa caribeña y la samba brasileña, el tambor moldeó América Latina. 

“El tambor es el padre de toda Latinoamérica”, afirma.

Si en Rafael Vilela la fotografía fue un espejo para confrontar la ignorancia blanca, en Gui Christ es una herramienta para restaurar memoria ancestral desde dentro. No habla como observador, habla como practicante, y no documenta una cultura ajena, sino su propia fe.

“Me comprendo como comunicador”, dice. No como líder religioso, sino como puente. Su cámara no busca explicar lo sagrado, sino amplificar una voz histórica que ha resistido cinco siglos. Así, en un continente atravesado por herencias coloniales, M’Kumba no pide tolerancia. Exige reconocimiento y lo hace desde el tambor.