Serbia, entre la democracia y la desconfianza
Aunque seis de cada diez ciudadanos respaldan la democracia, una proporción similar considera que no funciona en el país. En medio del desgaste institucional, el movimiento estudiantil se perfila como una posible alternativa al gobierno de Aleksandar Vučić.

Serbia conserva una ciudadanía mayoritariamente convencida de que la democracia es el mejor sistema político, pero profundamente insatisfecha con la manera en que funciona en el país. Mientras la confianza en la presidencia cayó del 60 al 35 por ciento en apenas tres años, las protestas encabezadas por estudiantes mantienen el respaldo de seis de cada diez habitantes y comienzan a traducir ese apoyo en una posible alternativa electoral frente al gobernante Partido Progresista Serbio.
Esta contradicción —creer en la democracia, pero desconfiar de las instituciones responsables de ejercerla— es uno de los principales hallazgos de una encuesta realizada en junio de 2026 por CRTA, PulsR, y el Laboratorio de Acción para la Democracia (DAL) de la Universidad de Stanford.
En entrevista con Terra 360, Alberto Díaz-Cayeros, codirector del DAL, explicó que el fenómeno no se limita a Serbia. En varios países de América Latina también existe una distancia creciente entre el respaldo a la democracia como principio y la evaluación de los resultados que ofrece a la población.

“Si la democracia no te da las cosas más básicas que un ciudadano necesita, ¿por qué la voy a salir a defender?”, cuestionó el investigador.
La democracia debería traducirse en seguridad pública, servicios de salud, educación, agua potable y gobiernos capaces de rendir cuentas, apuntó. Sin embargo, cuando la ciudadanía considera que los jueces son corruptos, que los políticos sirven a intereses particulares y que los presidentes ofrecen discursos sin resultados, disminuye su disposición a defender las instituciones.
“No tenemos una democracia de resultados, y yo creo que lo mismo está sucediendo en Serbia”, afirmó.
Aunque el Laboratorio de Acción para la Democracia concentra buena parte de su trabajo en América Latina, sus investigadores voltearon hacia Serbia por la fuerza y permanencia de un movimiento estudiantil que ha colocado la recuperación democrática en el centro del debate público.
Díaz-Cayeros explicó que los movimientos prodemocráticos se encuentran actualmente a la defensiva. En numerosos países, la sociedad civil está desarticulada y las organizaciones que durante las décadas de 1990 y 2000 defendieron los derechos humanos, políticos y democráticos han perdido vitalidad.
Al mismo tiempo, en América Latina aumenta el atractivo de candidatos que prometen resolver los problemas sociales mediante la concentración del poder y la reducción de libertades y contrapesos.
“El modelo Bukele está teniendo un eco muy, muy fuerte en toda América Latina. Cada país tiene a su candidato o candidata que sale diciendo: ‘Yo soy el nuevo Bukele’”, señaló.
En ese contexto, el movimiento serbio despertó el interés del DAL porque guarda semejanzas con movilizaciones estudiantiles que han marcado la historia de Argentina, México y Chile.

“En América Latina tenemos más que aprender de un lugar como Serbia, con una historia tan compleja, con unas convulsiones tremendas, con una responsabilidad histórica sobre un genocidio. Es decir, es un país sumamente complicado, y así son nuestros países”, sostuvo.
Serbia también ocupa una posición geopolítica compleja. Su gobierno alterna acercamientos con Rusia, Ucrania, Estados Unidos y la Unión Europea, relaciones que, según Díaz-Cayeros, deben analizarse a partir de los objetivos políticos internos de Aleksandar Vučić.
“En el fondo, de lo que se trata es de utilizar todas estas herramientas geopolíticas para mantenerse en el poder. Lo que Vučić no quiere hacer es dejar el poder”, afirmó.
Para el politólogo, Serbia reúne varios rasgos de las autocracias contemporáneas, las cuales preservan formalmente elecciones, partidos y parlamentos, pero debilitan gradualmente las instituciones encargadas de limitar al gobierno.
“Las autocracias modernas no son dictaduras militares, no es un tipo que llegó con tanques en la calle tomando el poder por un golpe militar, sino son sistemas en donde, con partidos políticos, con elecciones y con un proceso de erosión gradual de todos los mecanismos de contrapesos políticos, estos políticos logran mantenerse en el poder y volverse completamente invulnerables”, explicó.
Díaz-Cayeros comparó algunos mecanismos utilizados por el Partido Progresista Serbio con prácticas conocidas en México durante la etapa hegemónica del Partido Revolucionario Institucional (PRI): clientelismo, compra de votos, manejo de los medios de comunicación y, actualmente, desinformación.
Desconfianza en las instituciones
Solo 34 por ciento de los ciudadanos serbios confía en el gobierno y 31 por ciento en la Asamblea Nacional, de acuerdo con la investigación. El deterioro más pronunciado se observa en la presidencia, cuya confianza cayó de 60 por ciento en febrero de 2023 a 35 por ciento en junio de 2026.
Díaz-Cayeros explicó que Vučić ha intentado contener el desgaste mediante la renovación de su gabinete y la salida del primer ministro. No obstante, esos recursos parecen haberse agotado.
“Todos estos mecanismos, que son los mecanismos típicos de cómo aumentas la popularidad —gasto público, inaugurar obras, sacrificar a alguno de tus colaboradores para decir ‘miren, estoy limpiando el espacio, él es el que era corrupto, no yo’—, se le están acabando; ya no tiene muchas opciones”, indicó.
El gobierno enfrenta, además, dificultades económicas y una presión creciente para convocar elecciones parlamentarias anticipadas. El investigador señaló que Vučić solía aceptar procesos electorales cuando sus propias mediciones le indicaban que podía ganarlos, pero ahora estaría intentando retrasarlos.
“Él es el que está tratando de alargar lo más posible el momento en que haya nuevas elecciones, pero al mismo tiempo cada vez le es más difícil gobernar”, puntualizó.
Una tragedia y 18 meses de protestas
El actual movimiento estudiantil comenzó después del derrumbe de una marquesina en la estación ferroviaria de Novi Sad, donde murieron 16 personas. Las primeras protestas exigían una investigación sobre posibles actos de corrupción relacionados con la construcción de la obra.
“La corrupción mata”, expresó Díaz-Cayeros al referirse a la tragedia que detonó las movilizaciones.
Las demandas iniciales eran limitadas y se concentraban en establecer responsabilidades. Sin embargo, la respuesta gubernamental provocó un escalamiento del conflicto.
“Era muy limitado lo que estaban pidiendo, pero hubo un proceso de escalamiento de las demandas por la propia intransigencia del gobierno”, explicó.
Con el paso de los meses, el movimiento comenzó a exigir elecciones parlamentarias anticipadas. A pesar del tiempo transcurrido, el apoyo a las protestas se ha mantenido en 60 por ciento, mientras 62 por ciento de la población manifiesta preocupación por el uso de la fuerza policial contra los manifestantes.

La duración del movimiento resulta poco habitual. Las protestas estudiantiles suelen debilitarse después de algunos meses debido a los exámenes, el trabajo y otras exigencias personales y profesionales.
En Serbia, las y los estudiantes han conseguido sostenerse durante 18 meses mediante asambleas conocidas como plenos. Las decisiones se discuten primero en cada facultad, después en espacios universitarios más amplios y finalmente dentro del movimiento nacional.
“Los estudiantes en el caso de Serbia son los que están poniendo el ejemplo, son los que están diciendo: hay imaginación, hay una manera diferente de tomar decisiones, hay una manera diferente de movilizarse incluso en las calles”, afirmó Díaz-Cayeros.
Las movilizaciones han incluido marchas silenciosas, humor en las pancartas, bloqueos estratégicos y recorridos entre ciudades y comunidades. También construyeron vínculos entre sectores urbanos y rurales.
Madres de familia llevaron alimentos a los jóvenes durante los bloqueos, mientras agricultores colocaron tractores en los accesos a las ciudades para impedir que las fuerzas de seguridad llegaran hasta los estudiantes.
“Este tipo de solidaridad urbano-rural muchas veces no se ve en los movimientos sociales”, destacó.
Dos realidades paralelas
La investigación también muestra una marcada polarización determinada por las preferencias políticas y las fuentes utilizadas para informarse.
Quienes apoyan al gobierno recurren principalmente a la televisión estatal y a medios progubernamentales. Los simpatizantes del movimiento estudiantil consumen con mayor frecuencia medios independientes y contenidos difundidos en redes sociales.
“Donde hay una polarización impresionante es que quienes están con el gobierno ven medios de comunicación completamente distintos”, señaló Díaz-Cayeros.
El 85 por ciento de los simpatizantes de la Lista Estudiantil considera que la democracia es el mejor sistema de gobierno. Entre los votantes del Partido Progresista Serbio, la cifra cae al 38 por ciento.
La fractura resulta todavía más profunda cuando se pregunta por los límites al poder. Cerca del 80 por ciento de quienes respaldan al partido gobernante considera justificable un Ejecutivo sin restricciones, frente a solo 2 por ciento de los simpatizantes de la Lista Estudiantil.

Díaz-Cayeros aclaró que los resultados muestran una correlación entre la preferencia política y las actitudes democráticas, pero no permiten establecer todavía cuál de ellas provoca la otra.
“Es muy difícil para nosotros como politólogos distinguir causa de efecto; están como los dos ahí mezclados”, explicó.
Aun así, calificó como “apabullante” la diferencia entre ambos sectores. Las divisiones políticas ya no se limitan a interpretaciones distintas sobre un mismo acontecimiento, sino que determinan cuáles hechos se aceptan o se rechazan.
La sociedad serbia funciona así dentro de universos informativos opuestos: mientras una parte de la población acepta las versiones oficiales, otra recurre a medios independientes, testimonios y grabaciones para cuestionarlas.
De las calles a una posible elección
El movimiento estudiantil ha comenzado a trasladar su apoyo social al terreno electoral. Entre los votantes que ya definieron su decisión, 44.9 por ciento respaldaría a la Lista Estudiantil, frente al 35.7 por ciento que votaría por el Partido Progresista Serbio y el 3.8 por ciento que elegiría al Partido Socialista de Serbia. Sin embargo, 12 por ciento de la ciudadanía permanece indecisa y 9 por ciento afirma que no acudirá a votar.

Díaz-Cayeros consideró que todavía se requiere analizar con mayor profundidad a estos sectores. Algunos podrían desconfiar de la falta de experiencia política de los estudiantes, necesitar más información o esperar a conocer los nombres de quienes integrarán la lista.
La organización todavía no ha revelado a sus candidatos. Dentro del movimiento conviven posiciones que van desde el ultranacionalismo y el conservadurismo religioso hasta la socialdemocracia y el anarquismo.
“Ellos lo que han dicho es: primero hay que quitar del poder a Vučić, hay que recobrar la democracia en Serbia y después podemos discutir políticamente”, explicó Díaz-Cayeros.
La diversidad ha permitido reunir a grupos distintos alrededor de un objetivo común, pero podría convertirse en una dificultad cuando se conozcan las candidaturas. Algunos simpatizantes podrían retirar su respaldo si encuentran perfiles con los que no se identifican o con antecedentes controvertidos.
El 44.9 por ciento de las preferencias tampoco garantiza una mayoría parlamentaria. La Lista Estudiantil podría necesitar acuerdos con partidos opositores que actualmente registran entre 3 y 4 por ciento del apoyo electoral.
La encuesta, por tanto, también representa un llamado de atención para el movimiento.
“No se duerman en los laureles”, advirtió el investigador. Los estudiantes todavía enfrentan problemas organizativos y la posible necesidad de construir coaliciones para gobernar.
El paso hacia la competencia electoral ya modificó algunas de sus dinámicas. Parte de sus integrantes se prepara para defender el voto, vigilar las casillas y evitar irregularidades, mientras otros trabajan de manera reservada ante el riesgo de infiltración gubernamental.
La promesa de eficacia
Para Díaz-Cayeros, el descontento con el funcionamiento de la democracia representa un problema que trasciende Serbia. En América Latina, dirigentes de izquierda y derecha han aprovechado la falta de resultados para ofrecer concentración de poder a cambio de eficacia.
“Si tú estás dispuesto a darme la concentración de poder que yo necesito, la promesa que se está haciendo al ciudadano es: ‘Yo sé cómo resolver los problemas’”, explicó.
Desde la derecha, esta oferta suele expresarse mediante políticas de mano dura, presencia militar y encarcelamientos masivos. Desde la izquierda puede presentarse a través de una mayor intervención del Estado. En ambos casos, la ciudadanía puede terminar cediendo derechos políticos.
El investigador consideró que América Latina carece de una propuesta política capaz de defender simultáneamente los derechos humanos, los contrapesos institucionales y la eficacia gubernamental.
“Nos está faltando una combinación en donde se nos diga cómo el hecho de que yo defienda los pesos y contrapesos al poder político es parte de la manera como voy a lograr gobiernos que rindan cuentas a los ciudadanos y, además, sean más efectivos”, sostuvo.
La región necesita, añadió, alternativas que expliquen cómo ofrecer seguridad pública, atención médica, educación de calidad, agua potable y justicia social sin recurrir a la concentración del poder ni al debilitamiento de las libertades.
Las universidades, principal motivo de esperanza
Uno de los resultados que más preocupa a Díaz-Cayeros es el bajo nivel de confianza interpersonal en Serbia. Las experiencias históricas y los traumas generacionales han contribuido a formar una sociedad donde resulta difícil confiar en personas ajenas a los círculos cercanos.
“Una sociedad en donde no hay confianza es una sociedad donde es muy difícil gobernar, es muy difícil crear derechoses para rendición de cuentas, para anticorrupción”, afirmó.
En contraste, las universidades estatales son las instituciones que gozan de mayor credibilidad. El 71 por ciento de la ciudadanía confía en ellas, por encima de la Iglesia ortodoxa serbia, que registra 64 por ciento.

“Las universidades son la institución más confiable según los serbios, por arriba de la Iglesia ortodoxa. Eso para mí fue una cosa muy bonita”, expresó.
Según el investigador, las universidades pueden desempeñar un papel central en la construcción de ciudadanía, pensamiento crítico y nuevas formas de participación. Sin embargo, la innovación democrática no debe atribuirse únicamente a los estudiantes.
En América Latina, señaló, los pueblos originarios también desarrollan mecanismos de toma colectiva de decisiones, asambleas, trabajo comunitario y estrategias de reivindicación cultural y lingüística que suelen pasar inadvertidos desde las grandes ciudades.
“No son solo los estudiantes; son a veces los grupos insospechados que están innovando, que están inventando cosas nuevas”, dijo.
La lección de Serbia no consiste en presentar al movimiento estudiantil como una solución definitiva, sino en observar su capacidad para abrir espacios de participación dentro de un sistema desgastado y para recordar que la democracia no termina con la celebración de elecciones.
“Tenemos que mejorar la democracia”, concluyó Díaz-Cayeros. “Necesitamos trabajar en mejorarla porque, si no, la vamos a ir perdiendo; una por una, despacito, poco a poco, pero las vamos a ir perdiendo”.
La encuesta fue realizada mediante entrevistas presenciales entre el 10 y el 24 de junio de 2026, con una muestra representativa de 2 mil 324 ciudadanos adultos de Serbia. El DAL continuará analizando sus componentes experimentales para estudiar cuánto estaría dispuesta a sacrificar la ciudadanía en materia democrática a cambio de seguridad y cómo cambia la percepción de la corrupción según la fuente de información.
