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Piatsaw: La resistencia de las naciones indígenas de la Amazonía ecuatoriana

Por Pamela Cruz / Terra 360

En la Amazonía ecuatoriana, donde el petróleo corre bajo la tierra y el mercurio envenena los ríos, la selva no es paisaje: es memoria, es ley y es espíritu. Allí, naciones indígenas —Shuar, Achuar, Kofán, Waorani, Kichwa, Sápara— no defienden solo hectáreas amenazadas por concesiones mineras y petroleras, sino la posibilidad de seguir siendo. 

Eso es lo que Nicola Okin Frioli comenzó a documentar en 2015 en Piatsaw, un proyecto de largo aliento que retrata la resistencia indígena frente al extractivismo en uno de los territorios más biodiversos del planeta.

“El proyecto nació como una búsqueda”, reconoce el fotógrafo italiano. “Yo no quería emocionarme con la primera historia que escuchara. Quería entender la coherencia profunda de estas luchas”. Esa coherencia la encontró en el sur ecuatoriano, en territorio Shuar, durante el aniversario de los 20 años de la Guerra del Alto Cenepa. Allí descubrió la historia de los Arútam, combatientes indígenas que guiaron al ejército ecuatoriano en la selva tras una ceremonia chamánica de protección. 

“Defendieron su territorio en la conquista, luego junto al Estado en la guerra, y hoy lo defienden del mismo Estado que concede su tierra a empresas extractivas. Mantuvieron la misma postura: proteger la selva”.

Ecuador es rico en petróleo y minerales como cobre, oro, plata y zinc. Gran parte de esos yacimientos se encuentran en territorios indígenas reconocidos como ancestrales, pero sin consulta previa efectiva. El impacto es devastador: deforestación, contaminación de agua y suelo, derrames constantes por tuberías deterioradas heredadas de décadas de explotación, 450 mecheros activos que queman gas día y noche en solo tres provincias amazónicas. Texaco —hoy Chevron— admitió haber vertido miles de millones de galones de desechos tóxicos en la región norte.

“Lo que nosotros vemos como recurso, para ellos es sociedad”, explica Frioli, citando al antropólogo Philippe Descola. “Para muchos pueblos amazónicos, árboles, animales y espíritus son parte de la misma comunidad”.

Sin embargo, Piatsaw no es un relato de derrota: “Lo presento como David contra Goliat”, dice. 

La comunidad Kofán de Sinangoe logró en 2018 anular 52 concesiones mineras, liberando más de 32 mil hectáreas de selva primaria. Con drones, GPS y guardias territoriales, mapearon su propio territorio y llevaron el caso hasta la Corte Constitucional. “Han encontrado fórmulas para ganar. Su modelo ahora inspira a otros pueblos”, afirma.

La resistencia también es espiritual, pues, dice, “ellos entienden cosas que nosotros no podemos percibir”. Durante una reunión con excombatientes indígenas, un general mestizo le confesó: “Me voy a morir con la duda de si estos hombres hablaban con los animales”. Para Frioli, no se trata de exotismo, sino de una relación distinta con el entorno. “Nosotros creemos que el agua sale del grifo por derecho. Ellos saben que el agua es vida porque dependen de ella cada día”.

Y es que hay territorios que se visitan y otros que te reclaman, y para Nicola, la Amazonía ecuatoriana no fue un destino geográfico sino una convocatoria íntima.

Nacido en Italia, formado en Bellas Artes —pintura, escultura, la luz de Caravaggio—, nunca estudió fotografía formalmente: “Leí el manual de la cámara y entendí que todo es cuestión de tiempo y luz. Lo demás fue experiencia”. 

Antes de Ecuador, fue México, buscando un mundo indígena que en Europa ya no existía. En 2004, una experiencia que él describe como “profética” lo llevó a fijar la mirada en la Amazonía alta. Durante más de una década se preparó leyendo crónicas, estudios antropológicos e historias de la conquista. Cuando finalmente pisó territorio Shuar en 2015, supo que su investigación debía ser vivida, no solo estudiada.

Piatsaw significa el dios fundador de la nación Sápara, una figura mítica que anunció tanto el origen como la eventual desaparición de su pueblo. Esa tensión —entre creación y extinción— define el tono de las imágenes en blanco y negro, intensas, contrastadas, donde la selva parece respirar junto a quienes la habitan. 

“Intento agarrar los eventos de la vida con intensidad”, explica. “Buscar la belleza incluso en el conflicto”.

El proyecto continúa. Aunque una fractura de columna lo obligó a detenerse en 2023, Frioli no lo considera terminado. “Mi presencia allá es aprendizaje. No es solo documentación”. 

Para él, las comunidades amazónicas no solo defienden su territorio; defienden el pulmón del planeta: “El futuro está en ellos. Tienen instrumentos que nosotros no conocemos. Nosotros estamos tapados”.En un mundo que mide el progreso en barriles y toneladas, Piatsaw recuerda que hay pueblos que miden el tiempo en generaciones y el territorio en memoria. Y que, mientras la selva siga en pie, la resistencia también.