Después de que un incendio fuera fuera de control en Ascochinga (a 57 km de la ciudad de Córdoba) durante varios días en agosto de 2024, un miembro de la brigada forestal avanza por el campo para monitorear el frente del incendio y la topografía del terreno, con el fin de dirigir al resto del equipo en el combate directo. Solo en 2024, más de 93 000 hectáreas de bosque nativo ardieron en Córdoba. Los incendios provocados se utilizan como herramienta para despejar terrenos para su posterior desarrollo por parte de empresas inmobiliarias, agrícolas, ganaderas o mineras. En Argentina, cada dos minutos se destruye una hectárea de bosque, lo que equivale a 30 campos de fútbol por hora (Greenpeace, 2023).
A pesar de la desolación y la sensación de que los incendios forestales intencionados seguirán ocurriendo, la frase «El monte resiste» se ha convertido en un símbolo de resiliencia y esperanza.
Un grupo de bomberos atacó el fuego por los flancos o la cola y no por la cabeza debido a la intensidad del fuego.
Mujeres de los cuerpos de bomberos forestales comunitarios de Córdoba, Argentina
Al amanecer se formó un círculo. Todas las brigadas forestales comunitarias del Corredor Sierras Chicas se reunieron para un día de entrenamiento en la ladera de la montaña. Antes del entrenamiento, Las Fuegas leyó un documento creado por ellas mismas, con la intención de arrojar luz sobre las situaciones de violencia en estas organizaciones. Este documento se incorporó posteriormente como protocolo de seguridad para prevenir la violencia de género. Una mañana de julio de 2023, se llevó a cabo una jornada de capacitación y práctica con herramientas para las brigadas de El Carapé Ascochinga: estuvieron presentes las brigadas Inchin, Chiviquin, Isquitipe, Chavascate, Kamchira, Colibrí y Aromito, junto con más de 58 bomberos forestales de todo el corredor de las Sierras Chicas. Antes de comenzar la capacitación, las siete brigadas se reunieron en círculo. La disposición de los cuerpos en círculo permite la escucha y la observación mutuas. Esto refleja los momentos horizontales de este tipo de prácticas, en las que no existe una jerarquía de mando, sino una circulación de palabras y una toma de decisiones colectiva.
Tres integrantes de la brigada sostienen una rama con brotes del árbol de algarrobo (Prosopis alba), muy resistente a los climas semiáridos y a las sequías intensas. El fruto muy dulce de este árbol ha servido como alimento y nutrición para los pueblos indígenas durante cientos de años. Actualmente, se está recuperando la práctica de consumir este fruto, aunque no se utiliza ampliamente en la industria alimentaria. El cuidado de los bosques nativos es uno de los pilares del movimiento de brigadas en Córdoba, una provincia donde solo el 2 % de los bosques nativos se encuentran en buen estado.
Una fría mañana de invierno, Victoria Prado, una integrante de Fuegas de 29 años, desayuna con su hijo Salvador, de nueve. La maternidad es un tema importante para las integrantes de Fuegas. A través de la ventana, pueden ver las verdes colinas de la Reserva Municipal de Aguas Recreativas Naturales Los Quebrachitos, de 5000 hectáreas, ubicada en la base oriental de la cordillera de las Sierras Chicas, en Córdoba.
Cristina, la mamá de Luana, sostiene la foto de su hija en sus brazos y es abrazada por Las Fuegas. Diego Concha ha sido condenado a cadena perpetua. El día de la sentencia definitiva, el 27 de agosto de 2024, Las Fuegas llegaron al juzgado muy temprano por la mañana. Entregaban notas a los medios de comunicación que se acercaban y informaban sobre lo que estaba sucediendo. Realizaron varias actuaciones en la acera del juzgado. Allí instalaron un altar. Cuando se anunció la sentencia de Diego Concha, Cristina Caminos Varela, Sergio Ludueña y la familia de Luana salieron al exterior para agradecer a las organizaciones que los habían apoyado.
Mell, brigadista de la Brigada Chiviquín y miembro de Las Fuegas, se detiene un momento y observa con desolación la vegetación arrasada tras el incendio de Ascochinga 2024, Córdoba.
Cuatro miembros de la brigada de Fuegas, en la localidad de La Rinconada, al norte de Córdoba, iluminan el cielo con sus linternas. Esto ocurrió cuando regresaban de un curso de primeros auxilios al que los bomberos de La Rinconada, una localidad al norte de Córdoba, los habían invitado. En el camino de vuelta, se detuvieron a observar las constelaciones, buscando formas que se asemejaran al fuego.
Las mujeres de los cuerpos de bomberos forestales comunitarios de Córdoba, Argentina, Virchu, Yeni, Giuli, Vic, Vale, Euge y Simone (perra) son miembros de Fuegas. Este colectivo nació como una organización de mujeres bomberas que busca abordar el problema de los incendios forestales desde una perspectiva eco-transfeminista. Es esta intersección entre las cuestiones medioambientales y de género lo que les ha dado una gran visibilidad como líderes en su campo. Utilizan con frecuencia el lema «Ni el bosque ni nuestros cuerpos son territorios de conquista».
Se fundaron en marzo de 2022, tras el caso de Luana Ludueña, que las motivó a salir a la calle en busca de justicia. Esto motivó a otras mujeres a denunciar la violencia que sufrían en sus propias organizaciones, y pronto se convirtieron en líderes en su trabajo en un entorno tan sexista como el que se vive durante los incendios forestales.
Actualmente están formadas por 18 personas, cada una de las cuales pertenece a una brigada comunitaria de su localidad. Algunas de ellas se quedaron sin brigada debido a una situación de violencia y decidieron formar la primera brigada forestal comunitaria de mujeres de Argentina, a la que llaman Mampa, que en la lengua ancestral sanavirona significa «agua corriente».