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Escalamiento de la Violencia en México

Laboratorio de Acción en Democracia, del Centro sobre la Democracia, el Desarrollo y el Estado de Derecho de la Universidad de Stanford

Resulta prematuro hacer cualquier pronóstico específico sobre el impacto de la muerte de El Mencho sobre la sucesión en el liderazgo del CJNG, posibles enfrentamientos entre facciones internas, o el cálculo estratégico rivales oportunistas que buscarán probablemente ocupar plazas y rutas de trasiego por los que han estado compitiendo, en un momento de presunta debilidad de la organización criminal. Hasta el domingo, el “cuatro letras” era considerada la organización criminal más poderosa que se había visto en México desde el inicio de la llamada guerra del narcotráfico. Algunos comentaristas y periodistas advierten que el país podría encaminarse hacia una escalada de violencia comparable a la de una guerra civil, y que los narcobloqueos serían el primer síntoma de la catástrofe que se aproxima. Los 252 incidentes violentos reportados por el propio Gobierno después del abatimiento, confirman que la organización criminal es muy peligrosa y ocupa vastas áreas del territorio nacional. La lamentable muerte de docenas de miembros de la Guardia Nacional, en emboscadas y otros ataques, al margen de las muertes durante la operación militar en Tapalpa, muestran de manera contundente que los especialistas de violencia del CJNG son capaces de infligir daños y bajas no solo a sus contrincantes criminales, sino a las fuerzas del Estado. 

Sin embargo, la respuesta violenta de los miembros del CJNG exhibe ciertos rasgos que sugieren descoordinación y hasta cierta debilidad frente al Estado mexicano. Superficialmente, pueden establecerse paralelismos con el Culiacanazo, en el sentido de que la población fue atemorizada, atacada y hostigada, sobre todo en Puerto Vallarta y Guadalajara, con el objetivo probable de forzar al Gobierno a efectuar alguna concesión o incluso la liberación del líder. Las acciones violentas del domingo 22 y del lunes 23 de febrero de 2026, tuvieron un efecto mediático inmediato y una respuesta ciudadana parecida a la de un toque de queda voluntario por parte de individuos y negocios, creando una parálisis temporal en muchos lugares del país. Aunque muchas acciones parecen premeditadas y planeadas, surge la duda de si muchas de las reacciones fueron más bien improvisadas en el momento por los jefes de plaza ante la ausencia de una estrategia o protocolo de respuesta previamente ponderado. Es un tanto paradójico contemplar que los narcobloqueos, aunque concebidos como un acto de demostración de fuerza, lograron más bien exhibir que el CJNG no es un ejército o una insurgencia y que, a pesar de los famosos videos de un largo convoy de autos y tanquetas hechizas con sicarios uniformados y fuertemente armados, incluso con lanzacohetes, no cuentan con la organización y entrenamiento necesarios para hacer una oposición real a las fuerzas de seguridad estatales.

No pretendo minimizar la amenaza real que esta organización y los otros carteles representan para los ciudadanos, las guardias comunitarias, los policías municipales, estatales y los puestos de la Guardia Nacional en localidades específicas. Pero el abatimiento del Mencho revela que el Ejército y la Guardia Nacional tienen capacidad operativa de derrotar a estas organizaciones cuando así se los proponen. Las horas posteriores al hecho, permitieron observar de forma directa dónde están los criminales y qué capacidad real de respuesta tienen sobre el territorio nacional. Es posible que existiera una instrucción previa dada por El Mencho mismo sobre cómo debían reaccionar los jefes de plaza ante una posible captura del líder. Pero se puede mostrar con datos que los bloqueos se hicieron primordialmente en tramos de carretera cercanos a donde resultaban estar los sicarios del cartel, más que a una estrategia premeditada. Los ataques directos a la Guardia Nacional seguramente eran estratégicos, pero los ataques a comercios, Oxxos o Bancos de Bienestar parecen más bien acciones descoordinadas. 

Los narcobloqueos, en este sentido, sugieren que el poderío del CJNG no se parece al de un FMLN, las FARC, o los Talibanes (o incluso el EZLN), sino que su poder violento se despliega en los lugares específicos en los que operan células descentralizadas. Una hipótesis difícil de demostrar con datos, pero muy probablemente correcta, es que el poder violento del CJNG amplifica no por su capacidad militar, sino porque, como han explicado de forma más general para todas las organizaciones criminales los politólogos Sandra Ley y Guillermo Trejo, han sido protegidos por políticos de todos los partidos y en todos los niveles de Gobierno. La fuerza violenta con la que cuentan estas organizaciones les permite amenazar, extorsionar y matar. Son hombres armados violentos. Pero su efectividad es muy probablemente consecuencia del contubernio con actores del Estado que les otorga impunidad, más que de la posibilidad real de poner en jaque militar al Ejército, la Marina o la Guardia Nacional.

La vinculación con los intereses políticos no se puede demostrar con datos estadísticos. Pero se puede mostrar, con cierto nivel de certeza, que los narcobloqueos como respuesta a la captura del líder no fueron una muestra de capacidad militar, sino actos dentro de un repertorio bastante limitado de acciones ya conocidas por los sicarios. Durante el día del operativo, hubo esfuerzos importantes de diferentes fuentes para mapear la situación de violencia. El Mapa Publico de Eventos de Eventos Disruptivos de la plataforma de inteligencia DataInt es quizá la base más completa, con 251 registros, curiosamente prácticamente el mismo número reportado por el Gobierno Federal.  DataInt buscó mapear, en un esfuerzo extraordinario, usando fuentes abiertas, los eventos relacionados con la crisis de seguridad provocada por el abatimiento de El Mencho. Otra fuente independiente fue la plataforma logística Aliado. Los eventos registrados por Aliado se usan para apoyo de transportistas, que buscan conocer en tiempo real obstáculos viales y potenciales riesgos a la libre circulación por la red carretera. Ambos esfuerzos fueron fuentes de información consultada por los periodistas, especialistas y el público en general durante el día lunes para conocer la extensión de la respuesta.

Con la asistencia de una de las plataformas de inteligencia artificial (Claude AI) se realizó un análisis de los patrones y la composición de los eventos registrados en ambas plataformas. En mi repositorio de Github, se puede encontrar la documentación técnica de los algoritmos usados para raspar los sitios de internet y crear una base de datos sin duplicados de unos 373 eventos (sin las duplicaciones que se reportan en ambas bases de datos). Se incluye un reporte muy completo generado con asistencia de IA, pero guiado por preguntas y análisis basados en métodos estadísticos y teorías de ciencias sociales. Se usaron fuentes abiertas confiables, como periódicos locales y nacionales, para mostrar que, no obstante, los esfuerzos de mapeos, muchos eventos no fueron contabilizados. En particular, es probable que los ataques a negocios no estén siendo adecuadamente capturados en muchas localidades, ya que, por ejemplo, la base reporta 8 ataques georreferenciados a Oxxo, mientras que FEMSA dice que más de 200 de sus tiendas fueron atacadas. Los Bancos del Bienestar reportados en la base de datos son 15, aun y cuando el propio Gobierno ha sugerido que fueron más de 50 las sucursales sometidas a ataques. Dichas limitaciones, sin embargo, no son obstáculo para emplear la información georreferenciada de modo que ofrezca una radiografía de la presencia territorial de las organizaciones criminales y, sobre todo, del despliegue sobre la red vial de carretera, que incluye las quemas de casetas de cobro y vehículos bloqueando la circulación.

[Nota del autor: Los dos párrafos siguientes fueron redactados por Claude AI (Anthropic) como coautor analítico, a partir del análisis estadístico de los datos descritos en este artículo y depositados en el sitio de Github.]

El análisis estadístico de los 373 eventos georreferenciados revela un patrón que refuerza la hipótesis de activación descentralizada más que de coordinación estratégica centralizada. La autocorrelación espacial global de la severidad de los eventos es estadísticamente significativa (I de Moran = 0.110, z = 4.87, p < 0.001), lo que confirma que los eventos de alta severidad se concentran geográficamente en un corredor Jalisco-Zacatecas —el núcleo territorial del CJNG— y no se distribuyen uniformemente en el espacio nacional. Sin embargo, la prueba de Knox de interacción espacio-temporal cuenta una historia diferente: la ratio de eventos simultáneos dentro de un radio de 10 kilómetros y una ventana de dos horas es de 1.41 (p < 0.001), pero esta significancia estadística colapsa por completo al ampliar la ventana temporal a seis horas (ratio = 1.02, no significativa). En un proceso de contagio o difusión real —como el que exhibiría una insurgencia con capacidad de mando y control—, la significancia persiste o decrece gradualmente al aumentar la escala temporal. El patrón de “acantilado” observado es, por el contrario, la firma estadística de una activación simultánea por señal de difusión —como una instrucción previa o un mensaje de broadcast— ejecutada localmente por células que actuaron de forma independiente entre sí una vez recibida la señal. El análisis de difusión a lo largo de la red carretera federal confirma este diagnóstico de forma matizada: en el corredor Guadalajara-Tepic-Mazatlán (Carretera 15D) sí se detecta una ola de difusión estadísticamente significativa que avanzó hacia el norte desde el núcleo jalisciense en aproximadamente cinco horas (ρ de Spearman = +0.415, p = 0.0002). En los demás corredores nacionales —México-Monterrey, México-Puebla, Guadalajara-Morelia— los bloqueos se activaron de forma prácticamente simultánea en ambos extremos, sin patrón direccional, consistente con instrucciones transmitidas directamente a los jefes de plaza locales.

El análisis de red de la infraestructura carretera federal añade una dimensión quizá más reveladora sobre la naturaleza real del poderío del CJNG. Modelando la red como un grafo de 79 nodos y 114 tramos, es posible calcular cuáles son los puntos de estrangulamiento óptimos —aquellos cuya obstrucción maximizaría el daño a la conectividad nacional— y comparar esa estrategia teórica con la que el CJNG ejecutó en la práctica. La correlación de Spearman entre la centralidad de intermediación (betweenness centrality) de cada nodo y el número de bloqueos registrados en su área de influencia es de ρ = 0.062 (p = 0.59): estadísticamente indistinguible de cero. Dicho de otro modo, el CJNG no bloqueó las carreteras más importantes para el funcionamiento del sistema logístico nacional, sino las carreteras donde sus células ya estaban presentes. No obstante, con sus 194 eventos de bloqueo, la organización consiguió degradar aproximadamente el 50.6% de la capacidad de viaje de la red nacional —lo que equivale al 69.9% del daño máximo teóricamente posible con el mismo número de bloqueos bajo una estrategia óptima. La diferencia entre el desempeño real y el óptimo se explica casi en su totalidad por un único factor estructural: los tres nodos de mayor centralidad que el CJNG no bloqueó —Culiacán, Los Mochis y Navojoa, en la espina dorsal de la Carretera 15 en el Pacífico— se encuentran en territorio del Cártel de Sinaloa. No fue falta de sofisticación estratégica lo que impidió al CJNG ejecutar la perturbación óptima de la red; fue la frontera territorial con su principal rival. Esto es, paradójicamente, evidencia tanto de fortaleza como de límites precisos: el CJNG tiene la capacidad de activar simultáneamente decenas de células en 25 estados, pero su poder violento opera dentro de una geografía delimitada por los equilibrios entre organizaciones criminales, no por la presencia del Estado. Como argumentan Ley y Trejo, la impunidad política otorgada por actores estatales es probablemente el multiplicador de fuerza más importante de estas organizaciones; pero los datos de movilización del 22 de febrero sugieren que incluso con ese multiplicador, el CJNG opera como una federación descentralizada de células con alcance territorial heterogéneo, no como un actor con capacidad de proyectar poder coercitivo uniforme sobre el territorio nacional.

[Nota del autor: Terminan los párrafos redactados por Claude AI (Anthropic)]

Si bien esto es apenas un análisis preliminar, se puede concluir que algunas de las acciones estaban planeadas de antemano, sobre todo en la región del núcleo duro de operación del CJNG en Jalisco, mientras que en otras regiones los comandantes o jefes de plaza realizaron acciones según se les presentó la oportunidad, en un repertorio limitado de acciones visibles para la ciudadanía, pero con poca sofisticación operativa. Una interrogante fundamental que surge es saber si el objetivo en algún momento fue realmente poner en jaque al Estado mexicano, o más bien elevar lo que en ciencia política se conoce como “los costos de audiencia”, si el gobierno continúa dándoles golpes. La ciudadanía obviamente siente temor ante una violencia desatada y reforzada mediáticamente por las redes sociales. Pero la agencia real del gobierno mexicano es evidente. Pero es posible que el objetivo de los incidentes era fundamentalmente crear miedo y señalizar a los contrincantes criminales, y a los gobiernos locales y estatales que cooperan o no con ellos, y a todos los ciudadanos, que cuando despertamos, la organización todavía estaba ahí.