Envenenado América
“Están envenenando América”, afirma el gobierno de Estados Unidos refiriéndose a las drogas ilegales, especialmente a los opioides (tanto de origen natural como sintéticos). Más allá del ignorante mal entendido de que, para ellos, “América” es tan sólo los Estados Unidos, quizá una primera pregunta a la que obliga una afirmación de este tipo sería ¿y por qué se tragan el veneno? o dicho de otra manera ¿por qué hay tanto adicto a las drogas ilegales en Estados Unidos? Pregunta que debería responder el gobierno de ese país si es que fuera cierta su intención de disminuir dichas adicciones, pues sería parte fundamental de un diagnóstico cualitativo del problema. Cifras, como veremos, hay muchas y bastante significativas de la magnitud del fenómeno.
La segunda pregunta sería ¿quiénes están envenenando América? Respecto a esta interrogante, el gobierno norteamericano no duda y señala directamente a algo que llama “cárteles de las drogas”, a quienes han denominado como “organizaciones terroristas extranjeras” y que, por tanto, ubica afuera de su territorio y en diversos países, desde México y Canadá, pasando por Colombia y hasta tan lejos como India o China, pero no en Estados Unidos. Naciones, las primeras, que, de acuerdo con la Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026, elaborada por la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de Estados Unidos y presentada a principios de mayo pasado: “alimentan o tienen el potencial de alimentar el tráfico de drogas”, pero no Estados Unidos.
Por cierto, que, si algo alimenta al narcotráfico ilegal, además del consumo y de los miles de millones de dólares que representa como negocio, son las armas de alto calibre que venden las armerías de los Estado Unidos. Vayo como ejemplo los datos oficiales de armas incautadas en México de finales de 2018 a marzo del 2024, donde “las autoridades mexicanas han asegurado 48 mil 965 armas de fuego que ingresaron de manera ilegal al país. Los datos más recientes (al 5 de marzo pasado) revelan además que se han decomisado 199 mil 921 cargadores, 3 mil 245 granadas y más de 19 millones de cartuchos. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado que, de las casi 50 mil armas de alto poder decomisadas por su gobierno, 75 por ciento provienen de contrabando desde Estados Unidos” (La Jornada, nota de Emir Olivares y Gustavo Castillo, 30/marzo/2024). De acuerdo con el informe presentado el 8 de septiembre de 2026, por el secretario de Protección y Seguridad Ciudadana del Gobierno de México: “del 1 de octubre de 2024 al 31 de agosto de 2026… se han asegurado 34 mil 353 armas de fuego. El 80 por ciento provienen de Estados Unidos y lo relevantes es que el 61 por ciento de estas armas aseguradas son armas largas.” (El Heraldo de México, nota de Raúl Mendoza, 8/septiembre/2026, quien publica completo el texto del informe rendido por Omar García Harfuch).
Desde el Pentágono afirman que el “narcotráfico en México” y en todo el hemisferio occidental es responsable de más muertes de estadunidenses que “cualquier otro adversario” al que se ha enfrentado Estados Unidos “en los últimos tiempos”. Mientras que desde el Departamento de Guerra argumentan que “no es sólo la propagación del fentanilo, droga altamente letal, lo que contribuye a las muertes en ese país, sino también la exportación de violencia a las comunidades estadunidenses” (La Jornada, nota de la redacción, 3/septiembre/2026, p.12).
El propio presidente, Donald Trump, en informe remitido a su Congreso el 16 de septiembre de 2026, sostiene, muy contradictoriamente, esa misma narrativa, pues aun cuando afirma haber asegurado sus fronteras señala que el flujo de drogas desde fuera continúa: “mientras hemos asegurado nuestras fronteras contra la invasión, México y Canadá necesitan hacer mucho más”. Si bien dijo también que “reconocemos al gobierno de la presidenta mexicana Sheinbaum por confiscar volúmenes más grandes de droga, desmantelar laboratorios de enervantes” y desplegar fuerzas de seguridad a la frontera con Estados Unidos. Alabó además que la cooperación bilateral “ha ayudado a eliminar a algunos de los capos de cártel más notorio del mundo, incluyendo a El Mencho… pero debe tomar acciones adicionales contra las organizaciones narcoterroristas que dominan vastas áreas de su territorio y siguen amenazando al pueblo estadunidense”. (La Jornada, nota de David Brooks y Jim Cason, 17/septiembre/2026, p.17).
Como puede observarse, en su narrativa reiteran una y otra vez que el problema les viene de afuera, ellos “sólo” venden armas de alto poder –strictly business– y distribuyen y consumen el veneno y la violencia que el mundo les manda. Pero peor aún es que todo eso sucede “inexplicablemente”, pues a decir de su presidente tienen “aseguradas sus fronteras contra la invasión” o más aún, como dijo en su discurso en la ONU el presidente Trump: “ahora tenemos la frontera más segura en la historia de América. Nadie entra a menos que sea invitado, a menos que tenga permiso. En los últimos dieciséis meses ningún migrante ilegal (“ilegal aliens” los llama el señor presidente en su discurso) ha sido admitido en los Estados Unidos.” (Discurso ante la ONU, 22/ septiembre/2026) ¿Entonces, ya no hay droga ilegal entrando en ese país? ¿el problema está resuelto?, ¿y si no, por dónde y cómo entró la droga ilegal?
Es un consenso de muy diversos analistas, agencias del gobierno e incluso dictámenes judiciales en Estados Unidos -ver las condenas y acuerdos multimillonarios que tuvo sufrió la empresa Purdue Pharma por abuso, negligencia, engaño a la FDA y sobornos- que, lo que se ha dado en llamar la crisis de los opioides, provocada por el consumo de drogas derivadas del opio -natural, semisintético o sintético- e iniciada en la década de 1990, no fue producida por drogas ilegales vendidas en el mercado negro norteamericano. Por el contrario, dichas drogas fueron producidas por grandes empresas farmacéuticas norteamericanas y vendidas con receta médica en miles de farmacias, generando un grave problema de salud pública. Sí, de manera legal se vendieron drogas derivadas del opio que resultaron, contrario a lo que afirmaban las farmacéuticas y las agencias gubernamentales responsables, altamente adictivas e incluso mortales. Como bien señala Raúl Gómez, “Estados Unidos se enfrenta a la peor crisis sanitaria por drogas de su historia y no se debe a la heroína, la cocaína o las sustancias de diseño distribuidos por el narcotráfico; sino a los medicamentos de origen opiáceo prescritos con receta médica. El rol de la inescrupulosa industria farmacéutica y la complicidad de los organismos del estado que debían controlar queda expuesto de manera obscena en esta crisis. La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) explica que la actual crisis no se debe a las ventas en el mercado negro; sino a la dispensación de fármacos bajo receta médica… aquellos pacientes que no podían acceder a nuevas recetas acabaron enganchados a drogas ilegales como la heroína y luego el fentanilo” (Raúl Gómez. Crisis de los opioides en Estados Unidos. El rol de la industria farmacéutica en una epidemia devastadora. Dic. 2023. En: (https://www.researchgate.net/publication/376861928_Crisis_de_los_opioides_en_Estados_Unidos_El_rol_de_la_industria_farmaceutica_en_una_epidemia_devastadora).
Para darnos una idea de la magnitud de la crisis de salud generada, de acuerdo a cifras oficiales, en los primeros veinte años del siglo XXI cerca de 841,000 personas fallecieron por sobredosis de drogas en Estados Unidos, de las cuales medio millón fueron causadas por opiáceos tanto comprados legalmente como ilegalmente. (Data Overview. CDC’s Response to the Opioid Overdose Epidemic. CDC. 15/0ctubre/2021. En: https://www.cdc.gov/opioids/data/index.html)
Como dicen nuestros sabios abuelos: no se puede chiflar y comer pinole al mismo tiempo. La inconsistencia del discurso que apunta hacia afuera de los Estados Unidos buscando ahí a los responsables de sus adicciones es grotesca, además de que, como señala nuestra sabiduría popular, a lo más alcanzan a ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio, pues basta hacerse unas pocas y sencillas preguntas como para darse cuenta de ello. ¿En qué país hay más millones de personas adictas a drogas ilegales en el mundo? ¿En qué país se transportan, distribuyen y venden más millones de dosis diarias de dichas drogas? ¿En qué país hay miles de millones de dólares de ese narcotráfico circulando cotidianamente? ¿En qué país se lava más dinero proveniente de ese comercio ilegal? ¿En qué país se venden las decenas de miles de armas a los operadores de ese narcotráfico? ¿En qué país se encuentran los mayores y más poderosos cárteles del narcotráfico ilegal, tanto en número de miembros, estructura operativa y recursos económicos? La respuesta, sin duda, en todos los casos es: en Estados Unidos de América.
Para tener una idea de la magnitud de lo que hablamos, el Informe Mundial sobre las Drogas 2024 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODD) indica que “70.3 millones de estadounidenses (25% de la población mayor de 12 años) consumieron drogas ilícitas en el último año” y en la presentación del último reporte, de junio del 2026, Mónica Juma, directora ejecutiva de la ONUDD afirmaba que estamos frente a “un aumento sin precedentes de nuevos tipos de drogas en el mercado y, de forma preocupante, algunas son más potentes o peligrosas que antes”. Este reporte también señala que, en tan sólo una década, el número de consumidores creció un 34%. La propia secretaria del Tesoro, Janet Yellen, a finales de 2023, reconoció que cada año circulaban a través del sistema financiero de Estados Unidos cien mil millones de dólares -alrededor de dos billones de pesos-, provenientes de la venta ilegal de drogas en su territorio. (La Jornada, nota de Clara Zepeda, 7/diciembre/2023, p. 4,). Sin embargo, de acuerdo con RAND un prestigiado centro de investigación independiente, muy prestigiado por sus investigaciones sobre tráfico de drogas ilegales en Estados Unidos, el monto de los dólares que circulan por consumo de drogas en ese país es aún mayor al reconocido por la secretaria del tesoro, pues calculan que “las personas que consumen drogas en Estados Unidos gastaron alrededor de 150.000 millones de dólares… en 2016” (Gregory Midgette, Steven Davenport, Jonathan P. Caulkins, Beau Kilmer. What America´s Users Spend on Ilegal Drugs 2006-2016. RAND. Publicada 20/Agosto/2019). Es decir, 50% más de lo que reconoció la secretaria del Tesoro norteamericana
A pesar de estos datos y del reconocimiento explícito de la complicidad gubernamental y bancaria, el gobierno de Estados Unidos, no ha modificado su fracasada política interna prohibicionista, que en todo caso se seba contra los pobres de su tierra, principalmente adictos a los que dejan a su suerte o afrodescendientes y latinos a los que encarcelan por vender unos gramos de coca rebajada, mientras que a los banqueros y adictos de Wall Street que se meten cantidades industriales de coca y a sus dealers ni se detiene a mirarlos. Los muertos afuera también los ponen en general los pobres, cultivadores y traficantes de América Latina y el caribe, porque el narco concentra mucha riqueza, pero distribuye muy poca.
Lo que sí ha hecho el gobierno norteamericano es utilizar de manera creciente eso que llaman “el problema de las drogas” en América Latina y el Caribe como estilete para presionar, debilitar y hasta para agredir, incluso militarmente, a vecinos, aliados y a aquellos a los que llama enemigos. Lo hacen para fines muy diversos, pero sobre todo de sometimiento económico, político y militar. Así, el Departamento de Estado ha afirmado descarnadamente y sin rubor alguno, que, “bajo nuestra nueva doctrina de seguridad nacional, la dominación estadunidense del hemisferio occidental jamás será cuestionada otra vez” (La Jornada, nota de Jim Cason y David Brooks, 12/agosto/2026, p. 21).A través de lo que han llamado la Coalición Anticártel de las Américas, que tiene como lema oficial “hacemos cosas malas a personas malas” y es también conocida como la coalición Escudo de las Américas, el comandante del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis Donovan, ha reivindicado que con ello han dado “un giro decisivo en nuestra lucha regional contra las mafias y los narcoterroristas…Tenemos que tomar acción juntos, trabajando hombro con hombro para aplicar fricción sistémica total sobre estas redes y salvaguardar nuestro hemisferio”. Más recientemente el secretario de Guerra de Estados Unidos declaró que esperan alcanzar junto con sus aliados una “capacidad operativa como la que vieron en los ataques a las lanchas con droga en aguas internacionales. Será el mismo efecto en tierra y por eso trabajamos con Ecuador, Colombia y socios para llevar a tierra la lucha contra las organizaciones designadas terroristas. Donde quiera que trafiquen drogas o amenacen al pueblo estadunidense o a nuestros socios son un objetivo, igual que el Estado Islámico o Al Qaeda”. Y remata explicitando sus intenciones asesinas, abiertamente ilegales y violatorias del más básico derecho humano y jurídico de ser escuchado antes de ser sentenciado y a recibir una pena proporcional al delito cometido: “No los pasaremos por un proceso judicial donde sabemos que serán liberados. Vamos a destruir estas redes con todas las capacidades del gobierno estadunidense” (La Jornada, AFP, 14/agosto/2026, p. 21).
El general Joseph A. Ryan, quien, de acuerdo con el New York Times, dirige el Comando del Hemisferio Occidental del ejército estadounidense, luego de describir los complejos desafíos que enfrentan para regresar a una región que durante décadas no fue su enfoque principal, afirmó: “Hemos cedido el dominio económico en la región a un adversario y eso es un hecho. Ahora estamos luchando para retomar terreno —marítimo y terrestre, terreno humano, terreno cognitivo— que en muchos casos habíamos abandonado anteriormente”. De acuerdo a sus declaraciones el Comando Sur de Estados Unidos ha reforzado el entrenamiento y los ejercicios militares con los ejércitos de la región para enfrentar lo que llaman “las amenazas más apremiantes de los carteles”. (New York Times. Nota de Eric Schmitt, Greg Jaffe y Annie Correal, titulada: EE. UU. está enviando a cientos de soldados a América Latina. 14/octubre/2026).
Imposible no relacionarlo, porque tiene un perfil semejante, con lo que fue el tristemente célebre Plan Condor de los años 70´s y 80´s del siglo pasado, con el que Estados Unidos se articuló operativamente con las dictaduras militares de Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay. Capacidad operativa que dejó una estela de crímenes de Estado, con miles de personas víctimas de desaparición forzada, torturas y asesinatos y que tuvo como uno de sus productos más famosos el escándalo Irán-Contras, a raíz de que se constató por el Congreso del propio Estados, que agencias del gobierno norteamericano financiaban a la Contra somocista en Nicaragua con recursos provenientes de la venta ilegal de armas a Irán y de la venta de cocaína en Estados Unidos.
La grosera patanería imperial y las explícitas intenciones de violentar a cualquier país hemisférico que así decidan, con la excusa de que ahí opera el narcotráfico ilegal, es un insulto a la inteligencia, una coartada que no se creen ni los gobiernos que les son más sumisos. Eludir que el problema principal se encuentra al interior de ese país es sin duda una evidente negación de la realidad que el mundo y muchos norteamericanos ven con nitidez y molestia.
Sin embargo, como describiera Séneca hace dos mil años refiriéndose al imperio romano, son “saqueadores del mundo… Si el enemigo es rico, se muestran codiciosos; si es pobre, despóticos; ni el Oriente ni el Occidente han conseguido saciarlos… A robar, asesinar y asaltar llaman con falso nombre imperio y paz a sembrar la desolación” (Cornelio Tácito, Agrícola. Ed Gredos, España, 1981 p.81).
Es decir que no es sólo un problema de hipocresía, sino una estrategia de dominación imperial, pues hablan de cárteles y narcoterroristas extranjeros cuando tienen las más grandes y complejas redes de transporte, distribución y venta de narcóticos ilegales del mundo en su país, así como para el lavado del dinero correspondiente. Dichas redes involucran diariamente a millones de personas, en su gran mayoría norteamericanos, miles de los cuales son funcionarios gubernamentales de todo tipo y nivel. Así se trafican millones de dosis diarias y miles de millones de dólares circulan a la vista de todo el mundo, que, por si fuera poco, son, con el conocimiento de su gobierno, blanqueados por empresas y bancos norteamericanos.
Si es verdad que alguien “está envenenando” Estados Unidos, la negación del grave problema interno que encaran, haría al gobierno estadounidense cómplice al menos por omisión, pues la parte más visible, que más dólares mueve y que requiere de más personas involucradas, tanto en las calles, como en las aduanas, las oficinas de gobierno y los bancos y que genera las mayores ganancias del negocio del tráfico ilegal de drogas en el mundo, está en su territorio, así como la producción y venta de las armas que dotan a los traficantes de drogas ilegales de alto poder de fuego.
La complicidad o fracaso de las múltiples agencias gubernamentales norteamericanas involucradas en el supuesto combate a las drogas en su país, vista la creciente beligerancia discursiva de su propio gobierno, es un asunto que tendrán que aclararle a los propios norteamericanos, pues el gobierno de los Estados Unidos de América poco o nada hace para comprender y enfrentar el grave problema de adicción y consumo de drogas ilegales, de su distribución, de la circulación de dinero sucio, del lavado de ese dinero y de la venta de armas a los traficantes de dichas drogas, en el país que representa el mayor problema en todos esos sentidos. Si creyéramos el discurso de ese gobierno, no pareciera injusto preguntarse: ¿Son terroristas los funcionarios gubernamentales cómplices de dicho entramado mafioso? ¿Son terroristas los dueños y directivos de los bancos que lavan dinero del narcotráfico en Estados Unidos? ¿Son terroristas los dueños y directivos de las armerías estadounidenses que le venden armas a los narcotraficantes de todo el mundo? ¿Son terroristas quienes producen, transportan y/o venden drogas ilegales en Estados Unidos? ¿Son terroristas quienes compran dichas sustancias para su consumo?
De ninguna manera creo que la adicción masiva en el vecino país del norte, tanto a las sustancias como a los miles de millones dólares que éstas generan, sea un problema simplificable ni de fácil solución. Tan sólo imaginar, que, si se cortara el flujo de dichas sustancias -y de los de los miles de millones de dólares que representan en el sistema bancario y la economía norteamericana-, el síndrome de abstinencia simultáneo -y de dependencia económica- de millones de personas por todo el país, nos obliga a no ser simplistas respecto a la abierta complicidad del gobierno norteamericano y todas sus agencias en permitir el acceso y circulación de tan diversas drogas ilegales. Sin embargo, lo que es seguro, es que no se pretende resolver culpando a quienes producen en el extranjero una parte o transportan un tramo del camino de las decenas de miles de contenedores de narcóticos ilegales que se ocupan para satisfacer su demanda creciente en Estados Unidos. Dicho en palabras llanas: el mayor cártel del mundo opera en Estados Unidos: su gobierno, por razones que él mismo deberá explicar, es evidentemente su cómplice, pues, por decir lo menos, mira para otro lado. ¿Alguien puede creer que las agencias de inteligencia, migración, antidrogas y de seguridad nacional no saben quién, dónde y cuándo ingresan y distribuyen loa miles de toneladas de drogas ilegales que se consumen en los Estados Unidos y dónde van los miles de millones de dólares que generan?
Lo cierto es que el gobierno de Estados Unidos utiliza cada vez con mayor intensidad y recurrencia la amenaza, la coerción y la violencia para preservar su supremacía imperial, lo cual, inequívocamente, indica que ha disminuido su legitimidad en el mundo -y como parece ocurre también dentro de su país, como seguramente confirmaremos en los resultados de la elección intermedia de noviembre.
Dicho en palabras del sociólogo alemán Max Weber, el Estado norteamericano ha debilitado su dominación, lo que, dicho en otras palabras, significa que su aceptación o capacidad de lograr sus objetivos sin necesidad de hacer uso de la coacción o la violencia está a la baja. Su “guerra contra el narcoterrorismo” va quedando cada vez más expuesta como un ardid discursivo para intentar disfrazar, y mal, su creciente frustración e incapacidad política y diplomática imperial, no para salvar a su pueblo de un veneno que, en sus propias palabras, lo está matando. Pareciera como si, repitiendo el destino de otros imperios que le antecedieron, se estuviera matando a sí mismo.
Si el suicidio es evitable o no es algo sobre lo que los ciudadanos norteamericanos tienen mucho que decir y hacer. Si no corrigen el rumbo, creo, va a seguir la decadencia señalada y en su caída seguramente arrastrarán a buena parte del mundo con ellos.
